Es una idea para contradecir la vocación de entrega total al Señor, que llama a la santidad como sacerdote y religioso.
Aparecen acusadores, que se atreven a negar el hábito religioso o la sotana, porque quieren desahogarse "Es que aquel que llevaba hábito o sotana" a cometido graves pecados". Hay otra realidad, contra esta mala intención, y es que muchas personas que no son religiosas, tampoco visten hábito religioso ni sotana, y con vestidos seglares, cometen barbaridad de escándalos. Sea como sea, el que peca, dice San Juan Evangelista que es del diablo. El vestido decente y casto no puede pecar, ni llevar a pecado. Mucho menos todo aquel que permanece en Cristo, no puede pecar (1Jn 3, 6); el que no permanece en Cristo se coloca al margen de la Iglesia Católica para cometer su pecado. Todo el que acusa a un alma consagrada es porque no lleva a Cristo en su corazón.
«En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del Diablo: todo el que no obra la justicia no es de Dios, ni tampoco el que no ama a su hermano.» (1Jn 3, 10)
Cuando el Señor llamó a una vida distinta a Francisco de Asís, se despojó de sus vestidos seglar arrojándolo al suelo, en presencia del Obispo de Asís.