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domingo, 9 de febrero de 2014

Los cristianos como sal y luz del mundo (Mt 5,13-16)

Del Evangelio (Mt 5,13-16): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se vuelve sosa,  ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de la casa. Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos». (Santa Biblia Edición Conferencia Episcopal Española)

miércoles, 5 de octubre de 2011

Cómo ir a Misa y no perder la fe

¿Cómo ir a Misa y no perder la fe? el título tiene su autor, no es mío. Pero me ha servido para hacer la reflexión.
Desgraciadamente hay personas que cuando van a Misa, o comulgan lo hacen sin fe, la rutina, la tibieza, el olvido de Dios, de los sacramentos. Creer en Dios y vivir como si no existiera.
La infidelidad a Cristo puede llevar al desastre, porque cuando se desobedece a Cristo, ya está siguiendo los deseos del príncipe de las tinieblas.
Y se alegra mucho Satanás, cuando al distribuir la comunión, por no obedecer a la Iglesia Católica, que enseña que la bandeja debe mantenerse:

viernes, 30 de septiembre de 2011

Beato Juan Pablo II: Discurso a los sacerdotes, religiosos y religiosas

Estamos viendo cuan diferente resulta que unas personas del mundo, que se oponen a la sotana y al hábito religioso, lo equivocado que están.
Se aleja de Dios el corazón que insiste hacer la propia voluntad. Como aquellas pobres religiosas, que muy enfadadas, escribieron cartas contra la decisión del Papa, de que debe las religiosas como religiosos, vestir el hábito de su orden, según las constituciones, pero que ellas no aceptaron. Sucedió antes de la llegada del Papa en la semana de la JMJ.
No, no es así como uno que vuelve la mirada atrás en pos de sí, recibe las bendiocnes de Dios, sino en la Santa Obediencia, obedecer a la Iglesia es obedecer a Dios, es ponerse en manos de Dios.

Dice el Señor, para aquellos que una vez que comenzaron a caminar con Cristo, pero luego miraron hacia atrás:
«Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios.» (Lc 9, 62)
 Por eso el beato Juan Pablo II, lleno de amor de Dios, y fiel al Concilio Vaticano II, habla a los sacerdotes y a todos los religiosos y religiosas: