domingo, 22 de enero de 2012

La oración bien hecha purifica nuestro corazón

Nosotros que somos pobres pecadores, necesitamos de la medicina de la oración, orar intensamente, es decir, orar en todo momento.
Si dejamos la oración por atender un entretenimiento mundano, entonces nuestras oraciones serán fría, sin amor, superficial, a Dios no agrada que las oraciones sean tibias. No hemos de olvidar que todo aquellas cosas, que aunque no parezca que no ocasiona pecado, llega a ser pecador, por ejemplo, en los momentos de oración, el alma que se entretiene en el fútbol u otros deportes, ya no está obedeciendo a Dios que nos invita a la oración perseverante, y sabemos que toda desobediencia a Dios es pecado.


«Cuanto más abundante cae la lluvia, más ablanda la tierra. Cuanto más asiduamente invocamos el nombre de Cristo fuera de todo pensamiento, en mayor medida enternecerá la tierra de nuestro corazón y la penetrará de gozo y alegría.» (La Filocalía de la oración de Jesús; Hesiquio de Batos, 41; 104, Apostolado Mariano. Sevilla)


Tenemos también el Santo Rosario, rezándolo con verdadera devoción, es un poderoso escudo, infranqueable contra Satanás, las tentaciones no nos derriban. Solamente cuando nos descuidamos en la oración, en esos momentos, Satanás nos tienta de una o de otra forma, pero tenemos el Sacramento de la confesión, que es muy recomendable, acercarnos con cierta frecuencia, porque los poderes del demonio se desvanecen con el perdón que recibimos del Señor, cuando el sacerdote confesor, nos absuelve en nombre de la Santísima Trinidad.

1 comentario:

  1. Gracias por tu entrada, me va a ayudar a comenzar la semana con una muy buena reflexión.
    Un abrazo.

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